al portador 7HORAS30 - Revista Virtual de la Seccional Buenos Aires - Asociación Bancaria - Argentina domingo, 05 de septiembre de 2010
 


SECCIONAL BUENOS AIRES 

 

 
               Por
               Jorge Cluni

                           dar
Salí de la oficina a fumar un cigarrillo y en la puerta me encontré con una persona que siempre veo en la calle y con la cual siempre cruzo una mirada furtiva que nunca se compromete a tener un simple gesto de complicidad ante tantos encuentros casuales, ya que compartimos evidentemente el mismo lugar de trabajo, llamo así a la zona de la City porteña. Pero tanto ella como yo somos dos desconocidos, no solo para la inmensa mayoría de personas que van y vienen permanentemente entre las 10 y las 18 hs, somos dos auténticos desconocidos entre nosotros. Pero hoy tenía que pasar lo inevitable. Su mirada se quedó sobre mis ojos más tiempo de lo habitual y mi mirada captó ese “ver” distinto, al rutinario y cotidiano saludo imperceptible de todos los días. Me detuve y ella casi que con un gesto de resignación, cansancio y alivio me dice: “ayer fui a visitar a mi padre, tiene 88 años; y me dijo que dé lo que tenga y que esté bien”. Que no dé lo que no sirve, lo que sobra, lo que está mal, lo que está roto... porque si uno da lo que está roto “ entonces hay que dar aguja e hilo”. Sorprendido y casi con timidez le pregunté si su padre estaba por morir. El de su padre era una de esos relatos típicos que una persona dice cuando está en una situación límite, o cerca de la muerte, o muy enfermo. Me miró, se sonrió y me dijo... no. Todo lo contrario, está sano, está despierto. Además me lo dice siempre, y hace muy poco lo entendí, hoy ya lo siento como mío, comprendí que todos los que caminamos de un lado a otro, casi diría sin rumbo, estamos internados en terapia intensiva. Hizo un pequeño silencio cómplice para que pueda reflexionar... se sonrió sutilmente y me preguntó como me sentía. Me incomodé, miré a la gente que pasaba a mi lado, apagué el cigarrillo y luego de un silencio más largo que el de ella, le respondí sinceramente y con fastidio... estoy en terapia intensiva. Me tomó una mano y me dijo, para salir de terapia intensiva empezá por mirar para arriba, al cielo, al sol, agradecé más seguido, sonreí, festejá, saludá, amá... Y casi como enseñándome a manejar buenos modales empezó a canturrear dulcemente y en voz baja: “Buenos días... Muchas gracias... Adelante... Muy amable... Necesitas algo... Pase usted...”  Luego prosiguió con ese tono tan suave y profundo... “como nos olvidamos de cosas tan pequeñas y tan sencillas y de las cuales no nos damos cuenta que son el remedio natural para vivir bien, sanos y por muchos años”... “Mi padre tiene 88 años y nunca estudió. Es sastre y todavía trabaja en su taller. Ah, no usa anteojos…y enhebra la aguja de un solo intento... Tiene 88 años mi padre y en cada oportunidad que me ve me dice lo mismo... Da lo que tengas...lo que esté bien.

 

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