al portador 7HORAS30 - Revista Virtual de la Seccional Buenos Aires - Asociación Bancaria - Argentina domingo, 05 de septiembre de 2010

 

 

 

              Por
              Lic. Francisco Ruiz

LA GRIPE A Y EL
“CONTAGIO MENTAL”
Las situaciones de pánico y otros comportamientos colectivos pueden tener origen en catástrofes de las más variadas, o en fenómenos de masas como las pandemias. Aunque existe un factor de predisposición, que consiste en la vulnerabilidad psíquica de carácter coyuntural o previo que afecta tanto en el nivel individual como en el grupal y de masas, el origen de las reacciones emocionales disfuncionales durante las pandemias deriva fundamentalmente de la llamada “psicopatología reactiva”. En la producción de patología por parte del individuo, originada por la amenaza de la pandemia, importa menos el potencial real de la amenaza, que la forma en que se vive y se tramita la experiencia. En el caso de la globalizada gripe A, pesa más la intensidad con que se vive el miedo al contagio que los posibles efectos derivados del mismo. Lo preocupante para el sujeto es el contagio, el contacto con el otro es lo que puede enfermar, el otro es inseguro, podría traer enfermedad e incluso la muerte.

El otro debe estar lejos, cuanto más mejor. No se sabe qué trae en el cuerpo, porque el otro también tiene sus dudas de lo que trae dentro, quizá sea portador de la peste... Parecería que lo más atacado fuera el mito de la invulnerabilidad y que la

amenza arrazará con la confianza en la sociedad y sus sistemas de salud, en su estabilidad y sus valores. Algunos autores denominan dicho fenómeno como “sismo interior”, proceso que se corresponde con el “sismo exterior” de la pandemia. Desde este punto de vista, el problema es el estado en que se encuentran las defensas psicológicas del individuo para hacer frente a una pandemia, situación que agravará los conflictos psicológicos al reavivar conflictos anteriores.
Del origen de las reacciones individuales participan los sentimientos de inseguridad, miedo, el aislamiento,
el desamparo. Estos modos de sentir dependen en gran medida de que los individuos se sientan o no pertenecientes a un grupo.
Es por ello que los grupos primarios de pertenencia, como la familia y los amigos, jueguen un rol fundamental, no sólo porque compensan esos sentimientos debilitados sino porque ofrecen el escenario para que se generen respuestas adecuadas a la situación.
Hasta aquí mencionamos algunos factores que condicionan las reacciones individuales y colectivas.

LA AMENAZA DE PANDEMIA QUE AFECTA A NUESTRA COMUNIDAD, GENERA EN TODOS NOSOTROS, SIN DISTINCIÓN DE STATUS O ROLES, EL SENTIMIENTO DE PERTENENCIA A UN “COLECTIVO COMÚN”.

¿Cuáles son sus mecanismos? Una respuesta nos dice que las conductas colectivas son el producto del desencadenamiento simultáneo de reacciones individuales similares, inducidas por una situación vivida en común. Otra explicación, que no excluye a la anterior, refiere sobre el “contagio mental”.
El contagio es en principio afectivo, contagio del miedo, de persona a persona, por imitación. La amenaza de pandemia que afecta a nuestra comunidad, genera en todos nosotros, sin distinción de status o roles, el sentimiento de pertenencia a un “colectivo común”. Este sentimiento nos hace adoptar comportamientos uniformes y desarrollar sentimientos similares: miedo, preocupación, ansiedad y percepción distorsionada de la realidad. Dependerá de cada uno de nosotros, en la medida de nuestras capacidades, tomar los recaudos lógicos que la pandemia amerite, pero sin sobredimensionar sus riesgos para continuar con nuestras actividades vinculares.

 

 

             Por
             Lic. Roberto Corne

LA GRIPE A Y EL
IMPACTO SOCIOLÓGICO
Una pandemia es un “trauma colectivo”; un acontecimiento que desde la salud afecta a todos los planos de la sociedad:
hacia adentro (grupos primarios) y hacia fuera (entorno), y en el entorno están los vínculos y las cohesiones que conforman un entramado social determinado.
Los comportamientos que genera una situación de salud grave y que afecta o afectaría a importantes sectores
de una población son básicamente dos: “retracción” y “desgranamiento”, uno como otro se retroalimentan e interactúan.
La “retracción” reprivatiza la vida hacia adentro de los grupos primarios como abordó Francisco Ruíz, la familia es “el refugio” desde donde adaptarse socialmente a la nueva cuestión “naturalizando” el desequilibrio; eso desde un plano positivo de la acción social porque la “retracción” también genera “discriminación”, tanto positiva como negativa; la discriminación que conlleva a cuidar mas a los miembros vulnerables del "grupo primario" (niños, abuelos, embarazadas, pacientes con patologías de riesgos, etc.)

es “positiva”, porque ayuda a la adaptación social ante la situación de “protección de la salud”; pero por otro lado se genera discriminación “negativa” hacia el “entorno” o sea los vínculos sociales externos y se produce distanciamiento sociovincular en los ámbitos “micro” y “macrosociales” de tareas externas al “grupo primario”, las reuniones y los grupos se anulan produciendo un “desgranamiento” social que rompe la cohesión y las cadenas de solidaridad orgánica de una sociedad en lo “micro”.
En lo “macro” los actores sociales empiezan a actuar con “cautela” y a tomar en cuenta las consecuencias económicas de la situación, por lo tanto el “ausentismo” y la baja de la actividad laboral son indicadores claros de lo que acontece, reacomodando la economía, paralizando la actividad o reduciendo su normal desenvolvimiento; y por último los medios de difusión que manipulan y generan situaciones de pánico y stress en nombre de la “información”; lo cierto es que son los que marcan mediáticamente el proceso de “pandemia” su comienzo y final, pero principalmente “la intensidad” del mismo; y donde a partir del abarrotamiento informativo la
causa de la H1N1 cubre el resto de los conflictos de la sociedad; quedan debajo de las imágenes las muertes por “desnutrición infantil”, “diarrea” o “malaria” que son centenares de miles en el mundo; lo “institucional comunicacional” una vez mas instala estados sociales ficticios que aumentan o no los comportamientos de “retracción”.
En una pandemia la sociología de la salud debe cumplir un papel importante junto con los médicos para diagnosticar eventuales cuadros de la enfermedad y evitar el abarrotamiento de los servicios de salud públicos, que son en definitiva los que salvan a la gente; a través de las “encuestas de diagnóstico” que ayudan a los médicos telefónicamente o por “Internet” a abordar los casos a distancia y ganar tiempo hasta conseguir mitigar la situación.
Depende de las instituciones de la sociedad civil (sindicatos, ONG’S, centros barriales) que una situación de “trauma colectivo” generador de “conflicto social” como una pandemia, sea procesada de la mejor manera posible para superarla y mejorar durante su evolución la calidad de vida de la gente.

 

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