al portador 7HORAS30 - Revista Virtual de la Seccional Buenos Aires - Asociación Bancaria - Argentina domingo, 05 de septiembre de 2010

 

                        

                      Por
                      Sergio Ruggiano

 

  

Al cumplirse 50 años de la “gran huelga bancaria”, no pode­-mos soslayar este importante evento que marcó la historia de nuestro sindicato. En esta nota desarro­llamos los anteceden­tes y evocamos esa épica lucha.

 

Luego de la gran victoria conseguida por la Asociación Bancaria en el año 1958, después de realizar una huelga que duró 52 días y en la que se obtuvo una mejora salarial que estipulaba un nuevo esca­lafón de salarios y que sería actualiza­do cuando la inflación superara el 10%, logro que se consiguió después de un terrible congelamiento salarial impuesto por la dictadura del General Aramburu, la Bancaria siguió adelante en busca de se­guir recuperando terreno a nivel salarial en los primeros meses de 1959.
El presidente de nuestro país era ahora Arturo Frondizi. Para esa altura, el plan que regía para los aumentos salariales, en consonancia con el crédito Stand By otorgado por el Fondo Monetario Interna­cional, debían ser regidos por el aumento de la productividad. Cuando la inflación sobrepasó el tope pactado con los ban­carios se iniciaron las reuniones parita­rias, pero el gremio se encontró con una sorpresiva actitud de parte del Ministro de Trabajo, David Blejer, quien luego de muchas dilaciones y en un siempre tono bélico y autoritario, rechaza la petición de acordar un aumento general de emergen­cia. Este hecho fue el desencadenante de la huelga más larga, dura y sacrificada por la historia de la Asociación Bancaria.

 

 

 

 

 

69 días duró la huelga de 1959. Co­menzó un 15 de Abril y finalizó el 22 de Junio; días de auténtica lucha gre­mial donde los trabajadores bancarios fueron los protagonistas absolutos de este inédito acontecimiento de la his­toria Argentina. El Sindicato fue inter­venido y se registraron alrededor de 5.000 cesantías, la mayor cifra de que tenga memoria la entidad.
La Asociación Bancaria luchó toda su vida para que la Ley 12.637 de estabi­lidad bancaria, favoreciese a todos los trabajadores bancarios del país. Este anhelo chocó con la inflexibilidad del gobierno, que sostuvo durante muchos años que la Ley era aplicable solamente a los empleados de los Bancos oficiales.
Frente a esta huelga bancaria, el gobier­no de Frondizi utilizó todos los instrumen­tos legales que tenía a su alcance. Así ve­mos, que el 8 de Mayo en plena huelga, se emite el decreto 5537/59, de Estabi­lidad y Disciplina del Personal Bancario, que modificaba el decreto 20.268, reglamentario de la Ley 12.637. Pero veamos que establecía este nefasto decreto, que se lo denominó “Decreto Blejer”. En su artículo segundo rezaba: “se consideran inasistencias injustificadas que pueden dar lugar a cesantías, las que se produz­can en caso de huelgas declaradas ile­gales por autoridad competente, siendo facultad de los Bancos despedir a todos o en parte del personal que adhiera a las mismas y en este caso sin necesidad de sumario, previa intimación fehaciente por parte de la empresa a reintegrarse a sus tareas dentro de las 24 horas”.
La disciplina gremial y la lealtad hacia sus dirigentes originaron, como lo co­mentamos al principio, 5.000 cesantías. Además de esta modificación, el gobier­no inicia medidas represivas: interviene la Asociación Bancaria, apresa a muchos dirigentes y ordena la detención de nu­merosos afiliados en la zona del micro centro, que son trasladados a campo de Mayo donde los encierran y les cortan el pelo, dejándolos pelados totalmente.
La Bancaria emite un comunicado res­ponsabilizando al Ministro de Trabajo Blejer por el conflicto, la represión y los graves perjuicios económicos que cau­saría al país. mientras en Av. de Mayo 591, sede de la Dirección
General del Servicio de Empleo, se habilitó una bolsa de trabajo para cubrir las vacantes de los trabajadores bancarios plegados a la huelga, la Asociación de Bancos de la República Argentina también se sumó al combate contra la huelga y decidió que pidieran documentos de identidad a quienes in­gresaran a las instituciones financieras.
En una conferencia de prensa, el pre­sidente Frondizi señaló que aún no se había considerado la movilización mi­litar del personal bancario, aunque no descartaba la adopción eventual de la medida, ya que “estamos dispuestos a hacer que los bancos funcionen y para ello tomaremos todas las medidas in­dispensables”.
De acuerdo al Ministerio de Trabajo, las ausencias del personal alcanzaron el 35,6%, mientras que el comité de huelga informó que el paro

alcanzó al 82% de los trabajadores. En lo que respecta a como se daban las manifestaciones, es importante resaltar una táctica singular aplicada por el gre­mio con presencia callejera, donde los dirigentes establecían un cronograma de lugares de reunión para manifestar la pro­testa. Esto brindaba movilidad y sorpre­sa a las reuniones, que eran totalmente imprevisibles. Cuando los efectivos po­liciales lograban desplazarse al sitio de represión, la muchedumbre se dispersa­ba para reunirse más tarde en otro lugar desconocido.
La estrategia del Ministro Blejer consistió en denunciar a la huelga como una ma­niobra de provocación comunista, cuyos militantes se habrían encaramado en la dirección del sindicato bancario. Lo ar­gumentaba al señalar que el movimiento fue promovido utilizando consignas refe­ridas contra la explotación petrolera por empresas Multinacionales, la radicación de capitales extranjeros,y contra la polí­tica monetaria y financiera del gobierno, propugnando a su vez la reforma agra­ria. El mismo argumento que expresaba por el enfrentamiento que se sucedía en el frigorífico Lisandro de Latorre, al que querían entregar a los monopolios, ante una resistencia de 7.000 obreros que fue­ron reprimidos salvajemente, quedando entonces así expuesta la falacia de los planteos anticomunistas que argumen­taba el gobierno. El real objetivo era la voluntad de disciplinamiento social de los sectores asalariados.
La Bancaria seguía adelante la lucha aunque no recibía el apoyo esperado de otros gremios y de distintos sectores políticos. Si bien se buscó la mediación de distintas personalidades del ambien­te político, se interesaron en el tema, el diputado Eduardo Rosenkrantz, Oreste Frondizi, hermano del presidente, Vega Espeche, hermano del jefe de la policía, Arturo Zanichelli,el doctor Zani, vicepre­sidente de la Cámara de Diputados de la Nación.

Todos estos mediadores recibieron sis­temáticamente al entrevistarse con el presidente, la misma respuesta: “deben dirigirse al doctor Blejer, que es la perso­na designada para solucionar este pro­blema”. Blejer mientras, amenazaba a los dirigentes del Secretariado Nacional de la Asociación con “el paredón”.
Ante el fracaso de las mediaciones rela­tadas, los dirigentes bancarios impulsan la iniciativa de crear una comisión de personalidades de distintos partidos po­líticos con el fin de presionar al gobierno para que cambiara de posición frente a la huelga. Esta comisión de notables es­taba integrada entre otros por el doctor Alfredo Palacios, del
Socialismo, y el doc­tor Lucas Ayarragaray, de la Democracia Cristiana. Hubo otros que se negaron a participar tal es el caso de Gomez Ma­chado, presidente del bloque de la UCRI. Arturo Jauretche, a su vez, se ofreció a realizar gestiones personales. De todas maneras la comisión no pudo hacer nada ante la “intransigencia”del gobierno, que era muy duro únicamente con los trabaja­dores, no así con los banqueros.

EL FIN DE LA HUELGA
Ante el aislamiento que golpeaba al sindi­cato luego de 69 días de intensas luchas, represión, detenidos, y la falta de apoyo gremial y político del entorno. El 22 de Ju­nio, con la intermediación del “gestor gu­bernamental” Francisco Melani, Jefe de la bancada Ucrista, el sindicato levantó el paro. Un sector del gremio intentó resistir el levantamiento, pero quedó en minoría. Las estipulaciones del acuerdo fueron la de establecer la inmediata libertad de los detenidos, la reincorporación de los cesantes, la devolución de los sindicatos y el reestablecimiento de las garantías a la actividad sindical, la anulación de medidas adoptadas durante el conflicto, tales como la reglamentación de horas extras, causales de despido, etc; el cese de la intervención del Instituto de Servi­cios Sociales Bancarios restituyendo a su director, el otorgamiento de compen­saciones por los salarios no percibidos y un aumento salarial de $ 800 extensivo a los empleados de bancos privados, mu­nicipales y provinciales. Las condiciones fueron cumplidas parcialmente. El de­creto 6.933, del 9 de Junio, estableció el referido incremento salarial con carácter retroactivo al 1° de Mayo, debiendo ese

aumento ser correspondido por una ma­yor productividad.
El tema irresuelto fue el de la reincorpo­ración de despedidos, que ocasionó la realización de paros parciales en algunas entidades.
Se estableció así, una comisión de ce­santes bancarios,que se esforzó por recuperar los puestos de trabajo de mu­chos bancarios, pero la reincorporación fue muy lenta y se utilizó un criterio de discriminación contra quienes estuvieran identificados con el partido comunista. A pesar de ello, esta comisión logró la rein­corporación de todos los compañeros cesanteados que querían volver a sus puestos de trabajo. Proceso este que ter­minó en el año 1983.
En este punto, es muy importante des­tacar que la derrota de la huelga no significó un retroceso total de la orga­nización. Incluso, para sorpresa del go­bierno y la prensa, las comisiones gre­miales internas continuaron con paros parciales para seguir reclamando por las reincorporaciones.

El gobierno, por su parte, tuvo que en­frentar una honda crisis sindical y sortear el creciente malestar militar, cuyo primer detonante fue un intento revolucionario el 19 de Junio y que estuvo encabezado por el General Arturo Arana. Esta doble crisis produjo cambios en el gabinete. Y el 25 de ese mismo mes Frondizi nom­bra al frente de la cartera de Economía al ingeniero militar Alvaro Alsogaray, quien popularizaría la trístemente célebre frase:“hay que pasar el invierno”.
La recuperación del gremio bancario se­ría difícil. Le llevaría una década recupe­rar su fuerza y nuevos cuadros militantes. Pero cuando el nuevo ciclo de moviliza­ción popular y obrera se reiniciara con el Cordobazo del año 1969, los bancarios estuvimos firmes y presentes.


Fuentes
• 60 años en la vida de un sindicato, los hom­bres y el país. Asociación Bancaria
• Acha, Omar. “La huelga bancaria del 59 y los problemas de un movimiento obrero dividido”.
La revista del Centro Cultural de la Cooperación.

 

     TESTIMONIO
     MARIO RUBEN COGOLANI
     Protagonista de la huelga más dura de la historia de la Asociación Bancaria

Mario Ruben Cogolani, es un testigo viviente de la épica huelga del año 1959. Tiene 92 "jóvenes" años, y hoy, como lo hace desde hace 20 años, sigue aportando su experiencia, desempeñándose al frente de la Comisión Nacional de Jubilados. Nos encontramos con Mario y obviamente le preguntamos que recuerdos y vivencias tiene de aquellos días inolvidables de lucha. Yo entré a trabajar al Banco Francés en el año 1938, era un pibe. De aquella época tengo muchos recuerdos pero, el primer sentimiento que tengo es que viví aquella lucha del año 59 con mucha pasión. Ver a tantos trabajadores bancarios manifestándose en la calle era emocionante, porque no solo eran dirigentes y delegados de bancos los que estaban, eran miles de compañeros trabajadores que paraban en serio. Me acuerdo todavía de las caras de muchos pibes que eran realmente pichones, pero se animaban a parar. Y la mano estaba bastante pesada. Después que te puedo decir, en ese tiempo el presidente era Frondizi que apenas salió electo ya mostraba sus mañas contra los bancarios. En aquel tiempo teníamos fama de señoritos, como que no eramos obreros, como si no tuviésemos necesidades.

El Ministro de Trabajo era Blejer, era terrible. Hacía de todo para ponernos palos en la rueda, se metía en los Bancos, hasta tal punto que los clientes tenían que presentar el documento para poder entrar. Además reclutaba gente para ocupar los puestos de los compañeros que paraban, hasta llegué a ver marineros que atendían las cajas. Una locura. Y ni hablar de la represión. La policía estaba dentro de la Bancaria y nos corría por la calle con los carros de asalto. Me acuerdo una vez que me levantaron en la calle San Martín junto a otros bancarios que ni conocía y nos llevaron a la comisaría. Nos tuvieron unas horas mirando a una pared hasta que llegó un oficial y después de un rato y algunas preguntas, nos dejaron ir. Ese día la saqué barata porque a muchos de mis compañeros la policía les daba con todo.Esos son algunos de mis recuerdos, ya son más de 70 años con el Sindicato y desde el lugar que hoy ocupo en la Comisión Nacional de Jubilados, sigo dando lo mejor de mí por mis compañeros y por mi querida Asociación Bancaria.

 

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